Por qué elegimos cultivar trufa negra en esta zona

Trufasa no nace de la nada. Surge de una historia familiar ligada a la tierra, al cuidado de lo que nos rodea y al respeto por una forma de vida que queremos conservar. Nuestra elección de cultivar trufa negra en esta zona no fue casualidad: fue una decisión profundamente conectada con nuestras raíces.

Elegimos Vistabella del Maestrazgo, a los pies del macizo de Penyagolosa, por muchas razones. Es el lugar donde crecieron los abuelos, donde se trabajó la tierra antes que nosotros, y donde aún hoy sentimos que hay mucho por hacer. Apostar por este entorno es también apostar por el mundo rural, por no dejar que se apague, por seguir dándole vida a unas tierras que heredamos con orgullo y que hoy cuidamos con dedicación.

Además, las condiciones naturales son excepcionales para el cultivo de la trufa negra (Tuber melanosporum). El terreno, la altitud (a más de 1.800 metros sobre el nivel del mar), el tipo de suelo y el clima mediterráneo con influencia de montaña —precipitaciones abundantes, temperaturas frías y una buena humedad ambiental— crean el entorno ideal para que nuestras trufas se desarrollen con un aroma y un sabor intensos.

Con Trufasa, hemos querido continuar el trabajo que empezó una generación anterior, transformándolo en nuestro proyecto de vida. Ponemos toda nuestra formación e interés por el medio ambiente al servicio de la truficultura sostenible, con prácticas cuidadosas y respetuosas.

Y lo hacemos con lo que más nos gusta: cultivar trufa negra, acompañados de nuestros perros truferos, con quienes compartimos momentos únicos en cada jornada de búsqueda. Para nosotros, cada trufa que extraemos no es solo un producto gourmet: es también el fruto de una historia, de una tierra y de un compromiso que queremos mantener vivo.

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